miércoles, 27 de enero de 2016

7 Consejos para motivar a tus alumnos de idiomas



En innumerables ocasiones nos enfrentamos a la desmotivación de nuestros alumnos y si no sabemos cómo lidiar con ello, nos arrastrará a nosotros también y acabaremos sintiéndonos frustrados. Es muy importante tener claro qué hacer para mantener motivados a los alumnos y qué respuestas dar ante las clásicas frases como: “A mí esto no me gusta”, “Estoy aquí porque mis padres me obligan” o “No tengo claro si el esfuerzo valdrá la pena”.

Tras unas semanas dándole vueltas al asunto, me he sentado a escribir una serie de puntos que, creo, pueden ser de ayuda tanto para mí, como para vosotros y para nuestros alumnos. Os dejo con ellos y espero que os sean de utilidad.



1. Si tú no estás motivado, apaga y vámonos. El profesor debe transmitir puntualidad, seriedad y un buen conocimiento de lo que enseña. Nadie quiere aprender con un profesor que no quiere enseñar o que transmite poca pasión por su trabajo. Toda la responsabilidad de este punto recae sobre nosotros.

2. Conoce los gustos de tus alumnos. Esto es elemental para poder motivarlos. Si alguien te dice que no le gusta la lengua que está estudiando pero le encanta la música, por ejemplo, lo podremos motivar diciéndole que podrá oír música en ese idioma y entender la letra de las canciones, o si le gusta la gastronomía, que podrá ver algún programa o leer algún libro sobre la cocina de los lugares en los que se hable ese idioma y entenderlo.

3. Todo el mundo debe participar en clase. Cuando a los alumnos no se les hace participar en clase se acaban aburriendo y empiezan a pensar en otra cosa. Ponerlos a practicar con el compañero o el profesor, ya sea individualmente o en grupo, hará que se muestren más activos y no pierdan la atención.


4. Lucha contra la frustración de tus alumnos. Explícales que el aprendizaje es paulatino. No hay que pensar en cuánto falta por aprender, sino cuánto se ha aprendido ya. Esta última frase es de vital importancia puesto que siempre pensamos que nos queda mucho y no nos paramos a pensar en todo lo que ya sabemos. Es normal tener la impresión de que siempre falta mucho por aprender, ¿nos hemos parado a pensar cuantas palabras desconocemos en nuestra lengua materna?

5. Ayúdalos a luchar contra la inseguridad que produce expresarse en una lengua extranjera. Cuando se aprende un idioma, la inseguridad a la hora de hablarlo es muy grande. Tenemos miedo a que se rían de nosotros y no ser entendidos. En mi caso, lo tengo muy fácil para aconsejarlos, les explico que, pese a mi marcado acento español, si tuviese vergüenza a la hora de hablar nunca habría encontrado un empleo en Brasil, mientras que para los profesores que enseñan una lengua extranjera en un país en el que se habla su lengua materna, un buen argumento sería hacer ver a los alumnos los distintos acentos que existen en una misma lengua o mostrarles la gran cantidad de estudiantes extranjeros que se pueden encontrar en cualquier país y todos pasaron por esos momentos difíciles para terminar con la satisfacción de dominar un nuevo idioma.


6. Hazles entender que el aprendizaje está tanto dentro como fuera del aula y que, fuera de ella, además de acceso a mucha información gracias a internet, pueden crear un entorno adaptado a sus gustos, horarios y forma de aprendizaje que complementará lo aprendido en clase. Este punto es el que marca una mayor diferencia. Los estudiantes que fuera del aula tienen su propio entorno acaban dominando ese idioma sin el menor problema.

7. El aprendizaje de un idioma siempre implica ventajas profesionales, explícaselas. Independientemente de a qué nos queramos dedicar, nos puede salir una oportunidad laboral en un país en el que se hable la lengua que estamos aprendiendo o en un proceso de selección, tal vez, resulte un diferencial. El ruso no parecía muy útil en España y cuando los turistas rusos llegaron en masa, muy pocos estaban preparados.

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