sábado, 1 de marzo de 2014

En el extranjero para aprender un idioma (IV). Los amigos



Los primeros amigos casi siempre los encontramos en la academia de inglés y en el trabajo. Estos serán una de las partes más importantes de nuestra vida en el extranjero,  no solamente por aquello de salir, relacionarse y poder intercambiar impresiones, sino porque ellos formarán en gran medida nuestro entorno lingüístico. Con nuestros amigos también viviremos momentos inolvidables y nos ayudarán a conocer a más gente.

Al principio, no nos resultará nada fácil relacionarnos con nativos, salvo que nuestro nivel de inglés sea bastante bueno, y aunque intentemos no relacionarnos con personas que hablan nuestra misma lengua nos acabaremos dando cuenta de que no solamente es imposible, sino que es necesario. Cuando no se habla con fluidez, incluso cuando se hace, la necesidad de utilizar la lengua materna es inevitable, entre otras cosas, porque en una lengua extranjera nunca seremos capaces de explicarnos con los mismos matices que la nativa. Con el paso del tiempo y a medida que nuestro vocabulario aumente, nos irá siendo más fácil tener amigos nativos, hasta llegar al punto de poder hacer vida con ellos con toda naturalidad. 

Yo, como todo español que pretendía partir hacia tierras angloparlantes, no paraba de recibir el consejo de tantos y tantos españoles de no relacionarme con más hispanohablantes, pero una vez que llegas y sientes que no te puedes expresar bien en ninguna otra lengua ni las costumbres son las mismas, al final, te guste o no, acabas entre hispanohablantes. Otra de las razones de no poder huir del español es que es un idioma tan extendido que resulta inevitable encontrar a muchas personas hablándolo. Vayamos a donde vayamos siempre encontraremos hispanohablantes: en el supermercado, en el pub, en la tienda de ropa… 

En mi caso, como ya he dicho en otras ocasiones, los primeros meses apenas hablaba inglés, me costaba mucho expresarme y no entendía casi nada. Así que, me limité a practicar el inglés en casa, la escuela o a partir de la tercera pinta en los pubs. Poco a poco iba hablando mejor y cogiendo confianza, hasta que empecé a conocer a algún nativo, y al final, acabé haciendo bastantes amigos. A los cinco meses me fui a vivir a un piso junto con otro español y un chico irlandés, lo cual me ayudó mucho.
 
Cuando llegas a otro país y necesitas aprender el idioma, todo se reduce a paciencia y esfuerzo. Y recordad esto: sin amigos, la supervivencia en el extranjero es imposible.


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