jueves, 16 de octubre de 2014

La batalla contra los anglicismos



Hace unos días estaba leyendo un artículo acerca de los últimos anglicismos aceptados por el DRAE, muchos de ellos como extranjerismos crudos. Aunque no sé qué es peor, la verdad, si los extranjerismos crudos o las adaptaciones que se vienen haciendo de algunos de ellos. Pero voy a hablar más allá de lo que la RAE, autoridad necesaria e imprescindible, considere correcto, recomendable o haya aceptado ya o no, porque estamos en época de grandes avatares lingüísticos. No voy a pretender decirle a nadie cómo tiene que hablar, yo creo en la libertad individual y entiendo que cada persona tenga su propia idea de la lengua y sus gustos a la hora de usar el vocabulario que considere oportuno. Pero voy a dejar claro cuál es mi punto de vista.

La primera vez que escuché la frase: “Inglaterra y los EE.UU. son dos países separados por la misma lengua”, pensé que era una tontería, y seguí pensándolo durante mucho tiempo. Ahora, cada día estoy más convencido de que George Bernard Shaw se quedó corto (y lo más curioso es que era irlandés), porque no solo hay diferencias ortográficas importantes, sino que existe una concepción distinta de la lengua. En español, en plena lucha por la cohesión lingüística (con el portugués está ocurriendo igual y es una lengua mucho menos cohesionada), estamos cayendo en el (casi) todo vale (véase la palabra ceviche o cebiche o seviche o sebiche, es imposible cometer una falta de ortografía), para más inri, vivimos siendo bombardeados, o mejor dicho, dejándonos bombardear continuamente por una innumerable cantidad de vocablos anglosajones. Esto se parece cada día más a Sodoma y Gomorra, o dicho de otro modo, nos parecemos cada día más a la lengua inglesa, una lengua en la que en muchas cuestiones es casi imposible averiguar qué es correcto y qué no.


La invasión de anglicismos que padecemos es, en muchos casos inevitable, en muchos otros, más que evitable. El predominio de la cultura anglosajona, la asimilación de su idioma como la lengua internacional y el cada vez mayor número de personas que la aprenden, hacen de este un fenómeno imparable. 

Personalmente, entiendo como aceptables todos aquellos anglicismos que entran en nuestra lengua para designar conceptos que antes no teníamos, porque se haya inventado o descubierto algo nuevo y no tengamos mecanismos dentro de nuestra propia lengua para crear la palabra y, por lo tanto, tengamos que recurrir a un préstamo. Pero son muy llamativas el montón de palabras que aparecen de forma innecesaria, muchas veces, introducidas por medios de comunicación o personalidades de gran influencia, que contribuyen a que sepamos más inglés y menos español.

En el campo de la tecnología, las finanzas o la gastronomía, contamos con una cantidad ingente de anglicismos innecesarios. Pero lo peor, no es que sean palabras tomadas de otro idioma teniéndolas en el propio, es que son palabras técnicas que incluso si se conoce la lengua inglesa, se pueden desconocer fácilmente. Recuerdo hace unos años leyendo artículos de economía en español, que encontraba palabras como bail out (rescate financiero) y commodities (materias primas o mercancías), no las había oído en mi vida, términos muy de moda actualmente. No solo se estaban utilizando palabras con un equivalente en español, sino que se estaba dificultando que el lector pudiera entender el mensaje.

No puedo entender el uso masivo de algunos que no sirven de nada. Claros ejemplos son resort y offshore, como muy bien explica Fundéu BBVA en dos de sus artículos, resort puede ser sustituido por “complejo hotelero, complejo turístico o centro vacacional” y offshore por “con ventajas fiscales” o “inscrito en un paraíso fiscal”.
El nombre de las profesiones como office manager o account manager me parece horrible, aunque hasta yo las utilice a veces. Ya solo falta que a los friegaplatos los llamemos kitchen porters y a los taxistas taxi drivers

En el campo de la gastronomía (profesión a la que me dediqué durante bastantes años) son también muchos los vocablos que no paran de llegar, no solo del inglés, sino de cualquier otra lengua. La cocina fusión parece ser que va asociada al vocabulario fusión. Creo que palabras como muffin o cheesecake pueden ser aceptables para referirse a ese tipo de magdalena y de tarta de queso hechas al estilo norteamericano, pero me parece un error llamar muffin a cualquier magdalena o cheesecake a cualquier tarta de queso, cuando la tarta de queso mediterránea de toda la vida, hasta hace dos días, se llamaba tarta de queso y es muy diferente al cheesecake. Antes (algunos) éramos amantes de la gastronomía, ahora somos foodies (palabra que no me gusta y es mucho más fea que amante de la gastronomía). Un pastel, era algo dulce, ahora, no se sabe.

Contra otros anglicismos es imposible luchar. Yo soy de los que aprendió y usó las palabras sándwich, marketing (que paradójicamente se ha de escribir sin tilde) o córner mucho antes de conocer los términos emparedado, mercadotecnia o saque de esquina, por lo que, para mí, y supongo que para toda mi generación, dejar de usar palabras que llevamos utilizando toda la vida es algo más complicado. Otro caso similar, es el de las palabras que en inglés son mucho más fáciles de decir, como email. El lenguaje tiende a la abreviación y a la relajación articulatoria, por lo que es mucho más fácil que decir correo electrónico. Hasta los franceses parecen tener problemas con esto. Pese a que recomiendan decir currier électronique, mél se impone poco a poco.

Un par de ejemplos de los anglicismos que sí considero necesarios son running y coach. Running, porque creo que describe mejor que cualquier palabra que tenemos en español el fenómeno de masas de los corredores populares que acontece actualmente, cierto es, que llamarse runner en lugar de corredor o corredor popular me parece menos correcto. Coach, otro buen ejemplo, pero no en el sentido de entrenador, sino como persona que da soporte psicológico a otra con el fin de ayudarla en su desarrollo personal o profesional.


Dependiendo de las opciones que tomemos, el español seguirá un rumbo u otro. La lengua es parte de la identidad de un pueblo. Una lengua llena de extranjerismos crudos u horribles adaptaciones, muestra una lengua empobrecida que acabará por dañar la identidad que representa.

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4 comentarios:

  1. Like si tu también piensas que se debería combatir esos idiomas quimeras como el español y frances y deberíamos volver al probado latin de nuestros abuelos. ¡Queremos el latin de vuelta! ¡abajo el español y todos esos nuevos idiomas que deforman nuestra lengua!

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    1. En el artículo digo que hay anglicismos que ya hemos asumido, otros que son inevitables y otros que considero necesarios. Pero también me parece que en muchos casos hay un exceso que no aporta nada. No hablo de que haya que luchar contra todos o de que no haya que aceptar ninguno nuevo.

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    2. Vala... ¿¿¿???

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  2. "entiendo como aceptables todos aquellos anglicismos que entran en nuestra lengua para designar conceptos que antes no teníamos, (...) Pero son muy llamativas el montón de palabras que aparecen de forma innecesaria"
    100% de acuerdo! Sobre todo cuando son cosas que hasta hace cuatro días se llamaban por su nombre en castellano: las rebajas ahora son sales, los calabacines (o zapallitos en mi Argentina nativa) son zucchini, los licuados smoothies, el pochoclo (palomitas) es popcorn,..
    [por cierto, me ha hecho gracia lo del pastel que era dulce: en Argentina un pastel es siempre salado (pero si es pastelito es dulce). Dulces son las tortas. Y las tartas pueden ser dulces o saladas :) ]

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